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martes, 20 de octubre de 2009

ESE AYER QUE ES TODAVÍA

El último día agosto de 1882, en pleno fragor de la guerra con Chile, el general Miguel Iglesias, persuadido por un acto de sensatez que se mezcla con la traición, luego de ordenar la dispersión y disolución del ejército a su mando, hizo público en Cajamarca un insólito manifiesto en el que propuso “ceder ese pedazo de terreno” que; a la postre, condujo a la entrega de Arica y Tarapacá; es decir, a la firma del Tratado de Ancón.
Entonces, otra vez, lejos de aceptar los hechos consumados, al igual que en las gloriosas jornadas de la lucha por la Independencia, desde la misma plaza de la que partieron los 56 reclutas, que fueron recibidos por el general San Martín en 1820, el 17 de octubre de 1882, se alzaron la voces enérgicas y vibrantes de quienes, desde aquella villa ganadera de calles empedradas y construcciones con techos de ichu, tuvieron la audacia y lucidez para oponerse a aquel “inaudito atentado contra la soberanía, la Constitución y la unidad nacional” que proponía el manifiesto de marras; enarbolado por un militar que prefirió negociar en lugar de pelear.
Por eso, el acta del Cabildo de Cajatambo, rechaza y condena la actitud separatista del caudillo cajamarquino que busca rendirse para imponerse, que juzga preferible entenderse con los invasores y necesario burlarse del Taita Cáceres y su ejército de desharrapados campesinos que fatigan sin tregua inhóspitos breñales.Por Cáceres y su coraje indomable y en defensa de la integridad nacional aquel 17 de octubre registran, en la história y en la memoria, sus firmas: Manuel T Gonzales, Paulino Fuentes Castro, Romualdo Barreto, Manuel R. Hijar, Pedro P. Quinteros, Agustín Novoa y José del Carmen Reyes Gutiérrez.
Y por eso mismo también, el 27 de mayo de 1883, desde las épicas alturas de Cerro de Pasco; en su marcha sin tregua hacia La Libertad, el valeroso maestro sanmarquino Pedro Manuel Rodríguez, secretario del ejército de La Breña, consigna en su diario esta esclarecedora referencia sobre la comunicación que remite aquel día el general Cáceres, el lider de la resistencia, a los patriotas que no se rinden ni se venden:"No hubo novedad, se recibieron comunicaciones de don Jesús Elías, jefe superior del norte, anunciando la expedición chilena a Huamachuco. Se mandaron dos expresos, Collagos y Bao, con comunicación para Elías y Recavarren para que éste regrese y se sitúe en Pallasca; se avisó a Mujica, don Elías, prefecto de Lima y a Reyes, don José del Carmen, subprefecto de Cajatambo, la marcha del ejército".
De igual modo, en la villa de Ocros -que forma parte, por entonces, de la jurisdicción de Cajatambo- días después, el 29 de octubre, se lleva a cabo una solemne asamblea que preside el párroco Matías Velásquez y acuerda condenar “el horrendo delito de rebelión contra la patria” perpetrado por aquel general que había lastimado la autonomía nacional e integridad territorial de la República, menoscabando su soberanía con procedimientos punibles.

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