Veinticuatro años después, en el 2008, retorné sobre mis pasos
para recorrer aquel viejo camino de piedras legendarias y mi primera impresión fue de indudable sorpresa y gratitud. Sorpresa por encontrar intacto el sendero guardado en mi memoria y gratitud por haber sido el muchacho a quien debo este recuerdo. Pues, aun con veinte kilos más (y demás) al cruzar las lagunas de Jurorcocha, y en especial, al ascender a la cima del Abra Huamán (que quiere decir: Morada de los Cóndores) y coronar la más hermosa vista del horizonte de montañas que forman la Cordillera Huayhuash, era evidente que había alcanzado la altura más elevada del camino, y al mismo tiempo, de mi nostalgia. Sin embargo, aun cuando en ningún momento me propuse no regresar, tampoco consideré necesario hacerlo.
En todo caso, me pareció suficiente recompensa saber que
aquel secreto y memorable viaje sería siempre uno de los aciertos más preciados de mi remota juventud. Pese a todo, me indujo el deber a volver. El deber de compartir lo que un día miré y admiré. De manera que cuando Oyvind Wesseltoft (un noruego que acostumbra con orgullo aclarar: “No soy gringo. Yo soy vikingo”) me comunicó su decisión de inaugurar una nueva ruta para Coex Amazón -la empresa de turismo vivencial: http://coexamazon.com/- que uniría Caral con Kotosh; es decir, dos regiones (Lima y Huanuco) y cuatro provincias (Huaura, Cajatambo, Lauricocha y Huanuco) a través de apartadas trochas carrozables y olvidados caminos de herradura, tuve la certidumbre absoluta de saber, al fin, que no era solo un audaz aventurero nórdico quien me llamaba sino el destino.
aquel secreto y memorable viaje sería siempre uno de los aciertos más preciados de mi remota juventud. Pese a todo, me indujo el deber a volver. El deber de compartir lo que un día miré y admiré. De manera que cuando Oyvind Wesseltoft (un noruego que acostumbra con orgullo aclarar: “No soy gringo. Yo soy vikingo”) me comunicó su decisión de inaugurar una nueva ruta para Coex Amazón -la empresa de turismo vivencial: http://coexamazon.com/- que uniría Caral con Kotosh; es decir, dos regiones (Lima y Huanuco) y cuatro provincias (Huaura, Cajatambo, Lauricocha y Huanuco) a través de apartadas trochas carrozables y olvidados caminos de herradura, tuve la certidumbre absoluta de saber, al fin, que no era solo un audaz aventurero nórdico quien me llamaba sino el destino.
Pero a la luz de las estrellas -cuando todavía las estrellas
iluminaban el pueblo en donde nací- la misma noche de mi llegada al escuchar la primera canción en la calles de Cajatambo encontré la respuesta a mi regreso: "Que culpa tengo yo/ de ser cholo cajatambino./Todos dirán ya se fue;/ nadie me recordara/ pero yo he de volver/ a mi santa tierra”. Habituados a entonarla todos en el grupo bailaban y cantaban esa conocida y repetida canción. Solo yo, con la complicidad de las estrellas, era el único solitario peregrino que tenía sobrados motivos, por igual, para llorar al mismo tiempo que también para bailar.
iluminaban el pueblo en donde nací- la misma noche de mi llegada al escuchar la primera canción en la calles de Cajatambo encontré la respuesta a mi regreso: "Que culpa tengo yo/ de ser cholo cajatambino./Todos dirán ya se fue;/ nadie me recordara/ pero yo he de volver/ a mi santa tierra”. Habituados a entonarla todos en el grupo bailaban y cantaban esa conocida y repetida canción. Solo yo, con la complicidad de las estrellas, era el único solitario peregrino que tenía sobrados motivos, por igual, para llorar al mismo tiempo que también para bailar.
